En el principio, antes de que el tiempo fuera tiempo y el espacio tuviera forma, existía el Caos. Un vacío primordial, oscuro y sin límites, donde nada tenía nombre ni orden. Del seno de este Caos emergieron las primeras fuerzas primordiales, y entre ellas, la más grandiosa y vital: Gaia, la Tierra. Ella no era simplemente un elemento, sino una diosa, un ser consciente y poderoso, la encarnación misma de la vida y la fertilidad.
Layo y Yocasta, rey y reina de Tebas, son advertidos, tras consultar a la Pitia (el oráculo de Apolo), que si tuvieran un hijo, éste mataría a su padre y se casaría con su madre. Imaginen el encantador momento familiar. Claro, el día tan temido llegó. Al nacer su hijo, Layo y Yocasta encargan a un sirviente que lo abandone en el monte Citerón después de atarle los pies. Pero un par de pastores lo encuentran, lo desatan y lo cuidan antes de encomendarlo a un viajero.L
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