Hay historias que comienzan con una mujer. No con una guerra, ni con un rey, ni con un monstruo. Con una mujer. En la mitología griega, esa mujer se llamaba Pandora. Y su historia es mucho más extraña —y bastante más oscura— que la versión popular de la joven curiosa que abrió una caja y dejó escapar todos los males del mundo.

Porque Pandora no recibió una caja. Y, en el relato más antiguo que conservamos, ni siquiera fue creada como una mujer cualquiera. Fue un castigo.

El origen: un castigo disfrazado de regalo

Para entender a Pandora tenemos que retroceder un poco. Prometeo era uno de los Titanes y, según el relato de Hesíodo, tuvo un enfrentamiento con Zeus relacionado con los seres humanos. El episodio más famoso es el robo del fuego: Prometeo consiguió el fuego y se lo entregó a los hombres. Para Zeus, aquello era demasiado. Decidió que los humanos pagarían por haber recibido un regalo que no les correspondía. La respuesta fue Pandora.

En Trabajos y días, Hesíodo cuenta que Zeus ordenó a Hefesto que modelara una mujer a partir de la tierra. Después, distintos dioses fueron aportando sus dones: Atenea la adornó y le enseñó habilidades, Afrodita le dio gracia y atractivo, y Hermes le concedió, entre otras cosas, una naturaleza capaz de engañar y persuadir. Cada dios aportaba algo. De ahí procede el nombre Pandora, que suele entenderse como "la que recibió todos los dones" o "la de todos los dones".

Y aquí empieza una de las ironías más interesantes del mito. Pandora parece un regalo, pero en realidad es parte del castigo. Los dioses están creando algo maravilloso para entregar a los hombres, y precisamente por eso resulta peligroso.

El regalo envenenado

Pandora fue llevada hasta Epimeteo, hermano de Prometeo. Su nombre también resulta bastante apropiado: Prometeo puede relacionarse con la idea de "previsión"; Epimeteo, con la de quien comprende las cosas después de que ocurren. Prometeo ya había advertido a su hermano que no aceptara regalos de Zeus. Epimeteo, sin embargo, aceptó a Pandora. Y con ella llegó un recipiente.

Aquí tenemos que detenernos, porque la versión que todos conocemos contiene uno de los grandes errores de la historia: Pandora no abrió una caja. Hesíodo habla de un pithos, un gran recipiente o vasija. La famosa "caja de Pandora" apareció mucho después en la tradición europea, a través de una larga historia de traducciones y reinterpretaciones. La transformación del recipiente en una caja está especialmente vinculada a la tradición latina y a la recepción renacentista del mito.

Así que, si queremos imaginar la escena original, debemos olvidarnos de una pequeña cajita elegante. Pandora tenía delante una gran vasija. Y dentro había algo que ningún ser humano habría querido encontrar.

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El momento en que todo cambió

Pandora abrió el recipiente, y los males que estaban dentro se dispersaron por el mundo. Hesíodo habla de innumerables desgracias que comenzaron a afectar a los seres humanos: enfermedades, sufrimientos y toda clase de males que hasta entonces permanecían fuera de la experiencia cotidiana de los hombres. Pandora intentó cerrar el recipiente, pero ya era demasiado tarde.

Solo una cosa quedó dentro: Elpis. La Esperanza.

Y aquí aparece uno de los detalles más interesantes de todo el mito. Durante siglos se ha contado que Pandora consiguió conservar la esperanza como un pequeño consuelo frente a todos los males del mundo. Es una interpretación muy atractiva, pero no es tan sencilla.

Los estudiosos han discutido durante mucho tiempo qué significa exactamente que Elpis permanezca dentro del recipiente. ¿La Esperanza es algo bueno que quedó como consuelo para los humanos? ¿O su permanencia dentro de la vasija significa que la humanidad quedó privada de ella? ¿Es una bendición o incluso una forma de engaño? No existe una respuesta absolutamente indiscutida: la propia estructura del pasaje de Hesíodo ha provocado debate entre los especialistas, precisamente por el extraño papel de Elpis.

Por eso es mejor no convertir una interpretación posterior en un hecho. Lo seguro es que los males salen y Elpis permanece dentro. Lo que significa exactamente esa última imagen sigue siendo una de las partes más fascinantes del mito.

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¿Y qué tiene que ver Pandora con Eva?

Aquí aparece el paralelismo que hace que esta historia resulte todavía más interesante. Pandora y Eva pertenecen a tradiciones diferentes: Pandora a la mitología griega, Eva al relato del Génesis. No tenemos que afirmar que una historia fue copiada de la otra, pero las dos terminaron ocupando un lugar sorprendentemente parecido en la imaginación occidental.

Las dos aparecen como primeras mujeres. Las dos están relacionadas con un momento de ruptura. Y en ambas historias, después de un acto aparentemente sencillo, la condición humana cambia.

Eva vive en el jardín del Edén; Pandora llega al mundo de los hombres. Eva se encuentra con una prohibición; Pandora se encuentra con un recipiente. Eva toma el fruto; Pandora abre la vasija. Y después de cada gesto, el mundo ya no es el mismo. La comparación es tan poderosa que siglos después llegó incluso a la pintura.

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Eva Prima Pandora

En el siglo XVI, el artista francés Jean Cousin el Viejo realizó una obra extraordinaria: Eva Prima Pandora. El título ya nos está contando el juego: "Eva, primera Pandora".

La mujer representada combina elementos de las dos historias. Aparecen referencias a Eva, como la serpiente y la manzana, pero también aparece la vasija de Pandora. Y junto a la figura encontramos otros símbolos relacionados con la muerte y la condición humana. No se trata simplemente de una mujer griega o de Eva: es una imagen construida precisamente para hacer que ambas figuras se confundan.

El propio Louvre identifica la obra como Eva Prima Pandora y la sitúa a mediados del siglo XVI. Es una prueba visual extraordinaria de que el paralelismo entre ambas figuras no es una ocurrencia moderna: la cultura europea llevaba siglos jugando con esa asociación.

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Pandora no era simplemente "la mujer curiosa"

La versión popular del mito suele reducir todo a una moraleja muy sencilla: Pandora fue curiosa, abrió la caja, y por culpa de su curiosidad entraron todos los males en el mundo. Pero el relato de Hesíodo es bastante más complejo.

Para empezar, Pandora no aparece por iniciativa propia. Zeus ordena su creación, y lo hace dentro de una historia relacionada con el castigo que recibe la humanidad después del conflicto entre Zeus y Prometeo. Es decir, Pandora no es originalmente una heroína que encuentra accidentalmente una caja misteriosa: es una pieza dentro de una venganza divina.

Además, Hesíodo dedica bastante espacio a describir su creación. Pandora no es solamente la persona que abre el recipiente: es una figura construida por los dioses y presentada a los hombres como algo deseable. La belleza y el peligro aparecen unidos. Y eso es importante, porque el mito no está contando únicamente cómo aparecieron las desgracias. También está intentando explicar algo mucho más cotidiano para los griegos: por qué la vida humana exige trabajo, esfuerzo, sufrimiento y dependencia de otras personas.

El mito de Pandora forma parte de Trabajos y días, una obra que habla precisamente de trabajo, justicia, agricultura, esfuerzo y de la difícil condición humana. Los estudios modernos han señalado que Pandora tiene un papel mucho más importante dentro de esta obra de lo que podría parecer si solamente conocemos la versión popular de la "caja".

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Una mujer que explica el mundo

Y ahí está la verdadera fuerza de Pandora. Los mitos antiguos no siempre intentaban responder una pregunta histórica en el sentido moderno: intentaban responder preguntas mucho más grandes. ¿Por qué existe el sufrimiento? ¿Por qué tenemos que trabajar? ¿Por qué enfermamos? ¿Por qué la vida humana no es perfecta? ¿Por qué los dioses y los hombres están separados?

Pandora aparece en medio de todas esas preguntas. Su historia convierte un problema enorme —la condición humana— en una escena que cualquiera puede imaginar: una mujer, una vasija, una tapa, un instante de curiosidad. Y de repente, todo cambia.

De la vasija a la caja

Con el paso de los siglos, el mito siguió transformándose. Pandora fue interpretada de diferentes maneras por escritores, filósofos y artistas. Su historia fue moralizada, reinterpretada y mezclada con otras tradiciones. La famosa caja terminó imponiéndose en la cultura occidental hasta convertirse en una expresión cotidiana: hoy decimos "abrir la caja de Pandora" cuando alguien pone en marcha una serie de problemas que después resulta imposible detener.

Pero detrás de esa frase hay una historia mucho más antigua y mucho más extraña. Porque el objeto original no era una caja. Y ni siquiera sabemos con absoluta certeza que la Esperanza fuera simplemente el "premio" que quedó dentro. Lo que sí sabemos es que, para Hesíodo, Pandora está en el centro de una explicación mítica sobre por qué la existencia humana está llena de dificultades.

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Dos mujeres, dos historias

Y entonces volvemos a Eva. Una mujer toma un fruto. Otra abre un recipiente. Dos historias de culturas diferentes, dos primeras mujeres, dos transgresiones que se han convertido en símbolos. Y dos relatos que imaginan un momento en que la humanidad deja atrás una condición anterior.

Quizá por eso la comparación ha resultado tan irresistible durante siglos. No porque Pandora y Eva sean la misma mujer. No porque sus historias sean idénticas. Sino porque ambas quedaron asociadas a una pregunta que probablemente nunca dejará de perseguirnos: ¿en qué momento dejó de ser perfecto el mundo humano?

Jean Cousin encontró una respuesta artística. No pintó a Eva. No pintó a Pandora. Las pintó a las dos. Y le puso un nombre que resume todo el misterio: Eva Prima Pandora. Eva, la primera Pandora.

Dos historias. Dos mujeres. Y una misma imagen para recordarnos que, cuando una puerta se abre, algunas cosas ya no pueden volver a entrar.