En el principio, antes de que el tiempo fuera tiempo y el espacio tuviera forma, existía el Caos. Un vacío primordial, oscuro y sin límites, donde nada tenía nombre ni orden. Del seno de este Caos emergieron las primeras fuerzas primordiales, y entre ellas, la más grandiosa y vital: Gaia, la Tierra. Ella no era simplemente un elemento, sino una diosa, un ser consciente y poderoso, la encarnación misma de la vida y la fertilidad.
En lo más profundo del Hades, donde las sombras danzan entre los lamentos de los mortales, habitan tres figuras envueltas en el misterio del destino. Son las Moiras, las antiguas tejedoras del hilo de la vida, cuya voluntad ni siquiera los dioses pueden desafiar. Cloto, Láquesis y Átropos gobiernan el destino de cada ser vivo con manos infalibles, ajenas a súplicas o deseos. Su labor es inexorable, y su relato se entreteje con la historia misma de la humanidad y los dioses.
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